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La educación marítima, navegando en círculos

Mire caro lector, el tema en boga en todos los medios de México, son los libros de texto que formarán el pensamiento de las nuevas generaciones. Y es que hoy aprovecho ese clima para reflexionar sobre el escaso material bibliográfico que se produce en México para formar marinos mercantes. Siempre he observado a través de múltiples publicaciones críticas, el pobre papel formativo, que más allá del ala técnica, tiene la Organización Marítima Internacional (OMI). Me refiero a las que en el argot pedagógico llaman habilidades blandas o soft skills y que en el futuro tienden a pesar más que las técnicas, en este mundo virtual y de inteligencia artificial que nos avasalla. Un tema pletórico de interrogantes: ¿Cómo logrará un capitán o jefe de máquinas conservar la armonía en su tripulación, si carece de conocimientos de comunicación estratégica que es una disciplina especifica? ¿Cómo se adaptarán las escuelas o institutos marítimos en estos próximos años a las nuevas demandas de conocimiento de la gama multigeneracional de los jóvenes nacidos en época distintas; con formas de comunicación variadas?: hoy en un mismo buque una tripulación puede formarse por los baby boomers, nacidos desde la posguerra y abarca hasta 1964? Navegado junto a la generación X que son los llegaron entre 1965 y 1980. Pero ahí van también a bordo la generación Y , los  que vieron la luz entre 1981 y 1996 y al final también lo corona los de la Z, aquellos que vinieron al mundo del 1997 al 2013. ¿Por qué si la comunicación es la habilidad o valor fundamental para la educación de calidad, no se difunden esas competencias mediante textos y programas desde OMI,  mucho menos se fomenta el pensamiento crítico; según entiendo el objetivo 4 del desarrollo sustentable  es Educación de Calidad ¿qué tanto pesan la capacidad de resolver problemas, las relaciones interpersonales y los valores multiculturales? Quizá demasiado. Y es que hay datos contundentes. Las mayores fallas humanas que conducen a los accidentes marítimos están relacionadas con las habilidades no técnicas. Bien por distracciones en la navegación, por no seguir los procedimientos operativos, por falta de comunicación como el catastrófico accidente de la plataforma Piper Alpha en el Mar del Norte.  O quizá profundizando más allá del mar en la falta de liderazgo de las organizaciones en tierra firme. Debemos buscar formas de llevar estos vacíos desde las aulas y no dejar que los estudiantes desarrollen conceptos erróneos. 

La OMI, formación sin contenidos blandos

Y es que, en el dichoso convenio STCW 2010, que según es el fundamento sobre  el que recaen las Normas de Formación, Titulación y Guardia para la gente de mar hay un vacío enorme:  no abarca todo el espectro de conocimientos y habilidades y da a los países solo la mitad. Carece de la parte intelectual y se proyecta sobre el lado mecánico.  ¿podemos decir que un profesionista está completo, si el alcance  de su formación no vas más allá  de los aspectos técnicos? Claro que no, pues no es un robot. Ahora que también influye el hecho de que para muchos países el STCW  es un zona de confort: un lugar donde descansar su responsabilidad.  Les evita abordar de manera independiente los aspectos que este convenio no contempla:  sus normas son como las tablas de Moisés y los Diez Mandamientos, cuando ha quedado claro; que son aspectos mínimos o sea es el piso. Que luego la OMI confunde a los países generando una lista blanca donde están inscritos los países que se apegan al dichos STCW o que cumplen con estos estándares. Pero ante el avance del acceso a la información que hoy tienen los estudiantes hay una tendencia al sesgo, si no se discute su valor con un profesor bien entrenado o se les familiariza con este contexto. Doy datos:

Los oficiales y tripulantes nacidos en la posguerra y los de la generación X asumen formas de comunicación directas, mientras  los jóvenes de la generación Y y Z optan por las redes sociales y el mundo digital. Para los primeros el liderazgo y la autoridad están ligados al prestigio y a la jerarquía, pero a los segundos les significa compartir opiniones y valorar la comunicación abierta. Mientras que la ética laboral en el campo de los baby boomers es autosuficiencia y lealtad, para la generación Y y Z , significa flexibilidad de valores. La generación Y por ejemplo valora el desarrollo profesional mientras que la Z , busca estabilidad. Mientras los de la generación Y y Z , están interesados en trabajar en empresas sustentables ambientalmente, los baby boomers y los de la X saben que es importante pero no se sumergen en estas políticas y podrá haber más; pero son tan amplios  como los intereses tan variados entorno al trabajo. El reto sin duda será como interactuar con valores tan diversos. Y quizá la barrera mas resistente será la de captar su atención, pues son jóvenes distraídos el 90% del tiempo en el IPad o en el celular. Con la capacidad de concentración poco desarrollada. Luego entonces es preciso reconocer en primera instancia con quien estamos tratando. 

La capacidad de abstracción, un rasgo de humanidad en peligro  

Pero entorno a este tema hay opiniones revolucionarias; sin duda la más polémica es la que generó  Daniel Goleman, autor del libro INTELIGENCIA EMOCIONAL que en 1998 publicó un artículo que cimbró a los egresados de Harvard, pues aseguraba en su texto que si bien los atributos de un profesionista que egresaba con credenciales académicas del más alto rango; menciones Magna Cum Laude y más , estas no garantizaban el éxito futuro. Pues en un estudio sobre 200 empresas globales determinó que la mayoría de los líderes habían llegado ahí por su empatía, autoconciencia, motivación y capacidad autocritica. ¿Qué le parece? Mientras hay otros estudios entorno a los presidentes de los Estados Unidos que señala que más del setenta por ciento de los huéspedes de la Casa Blanca apenas llegaron al 8. Obama por ejemplo en su juventud fue mochilero. ¿Qué me dice de George Bush padre, el mismo bromeaba sobre sus dificultades académicas y al igual su hijo por  apenas salía con C en su clases. O bien un actor como Ronald Reagan; pero que le cuento que este último es el de los mejores calificados en liderazgo; pero el de las peores notas escolares, sin duda fue John F. Keneddy que obtuvo un 55 en latín y 77 de promedio en todas sus materias. Y si de comparaciones locales se trata ahí está Andrés Manuel López Obrador que se le critica por haber tardado en presentar su examen profesional;  pero eso no fue determinante para lograr el liderazgo del país. Aunque el caso crítico es Donald Trump, que pugnó en todas las escuelas para evitar que publicaran sus calificaciones.  

Sin embargo, lo más lesivo para estas generaciones es la pérdida de la capacidad de abstracción, pues la característica que nos diferencia de los animales: la capacidad de razonar. El politólogo italiano Giovani Sartori dice en su libro  La Sociedad Teledirigida señala que los niños ante el avasallamiento de la imagen está perdiendo la capacidad de definir conceptos abstractos como lealtad, fraternidad, egoísmo y otros. No pueden profundizar en el pensamiento si no tiene una imagen enfrente. Y proclama la atrofia de esta capacidad ante la falta de uso del raciocinio: ha nacido el homo videns, que piensa en imágenes  y que suplirá al homo sapiens en el futuro cercano. 

La educación náutica en México, mediatizada y lejos de la economía conceptual  

Mire caro lector, escribo esto desde la experiencia: casi diez años impartí clases en el sistema de posgrado de las escuelas náuticas, o sea Fidena, hoy flamante Universidad Marítima y Portuaria de México. E Insistí en llevar estos valores a las aulas. Incluso colaboraba en el área de formación de manera gratuita.  Consciente de las fallas, llevé a los alumnos a entornos distintos al del sistema vigente. Algunos fueron receptivos al entorno de investigación de otras universidades, así que me permitieron invitar algunos alumnos para desarrollar proyectos de investigación y presentarlos en congresos; pero estaba sujeto a que primero cumplieran con sus tareas disciplinarias: marchas, ejercicios militaristas etc. Al final, los pobres alumnos ya no tenían energía aunque se logró algo importante en algunos: motivar su curiosidad que en estos tiempos es ganancia. Se trataba de sembrar la semilla  que les llevara a la investigación en este sistema plagado de carencias. Pero que además insiste en dar vueltas para volver al mismo lugar. Al dichoso convenio STCW, la Biblia de los marinos. Es como navegar en círculos. 

Y es que el amplio acerbo que se vende OMI para formar marinos y gente de mar  solo está compuesto por temas técnicos y legales. Cursos modelos.  No hay cultura e historia, ni mucho menos algún texto crítico. Lo puede consultar en: https://indd.adobe.com/view/92aa64cd-a96c-45c5-ad0b-26671c21be13. Luego entonces cómo podemos calificar a este organismo si pedimos Educación de Calidad que dentro de los ODS es el objetivo 4 del desarrollo sustentable. ¿Cómo es que hablamos en el otro ODS, el 9 de Industria, Innovación e Infraestructura si no se enseña a los estudiantes las metodologías para trasformar las actividades mediante tecnología o nuevos procesos? Tal vez, una guía básica ayudaría a la industria y a las universidades o escuelas, pues la innovación esta dispersa en proyectos reservados por las empresas que forman consorcios con prestigiosas universidades y después se publican en revistas especializadas que cobran verdaderas fortunas por una subscripción. Se deben reducir las asignaturas a las orientadas a formar gente pensante y a conocer cómo funciona el intelecto. Enseñarles a aprender a aprender, por si quieren formarse solos. En fin, se puede uno extender en sugerencias. Nada es esto sino se forma un consejo nacional de evaluación con académicos de verdad. Uno que supla al oxidado órgano de gobierno cimentado en la burocracia. 

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