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Medellín, los mitos vivientes de un país que voltea a la izquierda 

En ciudad de Medellín aun flota la estela negra de Pablo Escobar

MEDELLÏN COLOMBIA, 10 de agosto. Medellín, como todas las ciudades de Colombia se vistieron de fiesta este domingo 7 de agosto: después de 200 años sin alternancia, llega al poder un mandatario de izquierda: tomó posesión de la presidencia, Gustavo Petro, un ex guerrillero que formó parte de grupo M-19 que propiciara golpes trágicos al país. Petro se desmovilizó en 1990 para fundar el partido político Colombia Humana y convertirse después en excelente alcalde Bogotá y senador. Ha prometido pacificar a Colombia y llevarlo por la senda de las energías renovables. Ir por el camino de la igualdad y dejar atrás a las oligarquías que tradicionalmente habían manejado ese país. Cambiar el enfoque de la lucha contra las drogas para tratarlo como un problema de salud. Desmilitarizar la policía; manejar su gobierno con los mejores hombres y mujeres del Colombia. Promover el respeto a los derechos humanos y liderar junto con México la unidad de América Latina. Y es que pese a lo que se diga, hay temor de que dados sus antecedentes siga abriendo la puerta a la migración venezolana que ya invade al país con cerca de tres millones migrantes que andan por las calles mendingando y delinquiendo. En los hechos la esperanza surge con el nombramiento de su gabinete del que soplan vientos de una Colombia nueva. Sin duda fue una fiesta en Bogotá, en la Plaza Bolívar, entre flores amarillas y discursos de esperanza. Sin la presencia de Maduro, ni de Ortega ni Miguel Díaz Canell. Con la presencia de Ebrard y la esposa del presidente de México, Beatriz Gutiérrez Muller. Pero sin López Obrador, el llamado por Petro, hermano mayor de América Latina. 

Un museo de negros hechos

Petro sacará la PolicíNacional de las Ministerio de defensa y promoverá una política antidrogas 

Pero cuando usted recorre las calles de este país y habla con la gente nota que hay temor al cambio. Y es que estuve en Cartagena y Medellín durante 8 días. Durante diversos recorridos me entrevisté con mucha gente: taxistas, gente de los hoteles y hasta un policía. Uno habló la sandez de que festejaría de la posibilidad de que algún patriota le hiciera un atentado para acabar con ese gobierno de la izquierda. El más alegre, defendió la hoja de la coca empleado como energético “estuve caminando en la Sierra Nevada de Santa Marta 8 horas y lo soporté gracias a mascar hoja de coca, Petro quiere sembrar maíz en vez de coca”  Otros sienten temor de que el país se convierta en Venezuela dada la amistad con Nicolás Maduro. El más sensato, un taxista callado de rostro enjuto que hablaba, sin quitar la vista de la calle, me dijo que la confianza ha surgido en diversos sectores con el nombramiento clave de su ministro de Hacienda: José Antonio Ocampo, un hombre de vasta experiencia en economía y finanzas,  con doctorado en Yale, que acompañó dos años ( 1996 y 1997) en ese mismo cargo al gobierno de Samper – Ese no le permitirá hacer ninguna locura afirmó- Otro cargo que apacigua las agitadas aguas es el nombramiento de un civil como ministro de defensa. Iván Velázquez quien liderara en la década de los 90 las investigaciones contra Pablo Escobar y tiene el reto de sacar a la policía nacional del Ministerio de Defensa como ha prometido Petro. Otros nombres que dan certidumbre son Germán Ureña en Industria y Turismo, Catalina Campuzano, Alfonso Prada al Ministerio del Interior y otros personajes de enorme trayectoria en las tareas encomendadas dan vida al programa de enormes cambios y reivindicación que plantea este gobierno. Aunque algunos entrevistados piensan que debe racionalizar los subsidios al campo pues en Banco Agrario está en manos de los oligarcas y dar un giro hacia una política de trabajo. Y señaló. hay que dar un nuevo enfoque a las ayudas. Solo a los muy necesitados”. No a las oligarquías Matizó. 

Vestigios de las fastuosas haciendas del Capo Escobar Gaviría son visitadas con ostensible morbo por extranjeros mientras Medellín quiere olvidar

Gabriel García Márquez y Pablo Escobar, los mitos de una Colombia viva.

Pero recorrer Colombia es más que conflictos de izquierdas y derechas es también caminar junto a sus mitos. Si usted va Cartagena, verá que en los muros del barrio Getsemaní, vive el culto a Gabriel García Márquez: en tasas en vasos, en cuadros; en playeras para los visitantes. Siempre rodeado de flores amarillas como el Narciso Babilonia de Cien Años de Soledad: el enorme escritor poseía una casa en Cartagena que serena aun mira al mar entre las murallas y los baluartes que dan cara a las Antillas. Gabo tenía hasta una pequeña isla privada entre los pequeños archipiélagos de las islas aledañas: junto a la de Shakira y Carlos Vives. Son parte del esplendor turístico de la ciudad amurallada.  

Pero también hay una veneración al turismo negro que promueve  tours a los sitios donde se escondía Pablo Escobar. Hay una especie de culto que promueven hacia las juventudes de siglo XXI, que parecen no saber que hubo una época de más oscuras de América Latina en que por sus calles de Medellín  transitaba  el horror a bordo de los coches bomba. Entre 1985 y 1993 fue catalogada la ciudad mas violenta del mundo con un índice de 380,6 asesinatos por cada 100.000 habitantes y que ahora lucha con eficiencia contra el clima que genera la desigualdad. De esta etapa dejaría constancia el mismo Gabriel García Márquez en una de las obras magistrales del Nuevo Periodismo Noticia de un Secuestro, donde retrata un Medellín muy lejos de la fantasía de Macondo que le llevaron a plasmar con detalles el secuestro de diez personas entre ellas, Maruja Pachón así como  la periodista  Diana Turbay, hija de ex presidente Julio Cesar Turbay Ayala .En el museo de Pablo escobar y en los alrededores hay vestigios de aquella época de horror: mansiones como La Manuela, ubicada en la represa de Guatapé bombardeada por sus enemigos a su caída y otras casas de sus socios dan testimonio de la extravagancia. Objetos personales, autos y cajas fuertes le rinden culto en un museo que explota uno de sus sobrinos. Siente uno escalofrío, aunque quizá un dejo de tristeza cuando se da cuenta la veneración que hay en los jóvenes hacia el narcotráfico. Ya para entrar a un museo se me acercó un muchacho lenguaraz, no mayor a los diez y ocho años. Me mira ansioso y me pregunta: ¿usted es mexicano verdad? dígame por favor ¿usted cree que sea cierto que Amado Carrillo murió? ¿Verdad que no?” Cuando uno ve esto se da cuenta que hemos fomentado la cultura a la tragedia. Los jóvenes los ven como héroes y no como los monstruos que en realidad son; pero hoy con Petro resurge la esperanza de una Colombia Nueva, sin Gabo ni Escobar; pero con un presidente al parecer progresista.  

Objetos que un día fueron testigos de crímenes atroces son venerados en este museo

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